domingo, 20 septiembre, 2026
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La ofensiva rusa amplía el campo de batalla y pone a Ucrania bajo mayor presión

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La ofensiva rusa contra Ucrania ingresó en una etapa que ya no se limita a las líneas del frente. El uso creciente de drones y misiles de mayor alcance está alterando la vida en Kiev, presionando a la economía y obligando a revisar la capacidad de las defensas aéreas ucranianas ante la llegada del invierno.

Las sirenas, los apagones y las explosiones en estaciones de tren, centros comerciales, oficinas y edificios de departamentos forman parte de la rutina de la capital.

A fines de agosto, la aparición masiva de drones Shahed con motores a reacción y el incremento de los impactos misilísticos elevaron el temor entre la población, mientras la escasez de interceptores volvió a acercar la guerra a las ciudades.

Drones más veloces y una retaguardia expuesta

Los Shahed propulsados por hélices están siendo reemplazados por modelos con motores a reacción, probablemente importados de China. Las armas terrestres con las que cuenta Ucrania, entre ellas ametralladoras y misiles portátiles, tienen dificultades para enfrentar a estos aparatos, que vuelan más rápido y a mayor altura.

Los aviones F-6 y MiG-29 pueden derribarlos, aunque la falta de munición y el mantenimiento especializado fuera del país reducen su disponibilidad.

Rusia también acelera la fabricación de misiles balísticos y, según una estimación citada en el análisis, podría lanzar más de 100 misiles de distintos tipos cada mes. Ucrania dispone de pocas reservas de interceptores Patriot estadounidenses y trabaja en un sistema propio basado en un desarrollo de la empresa Fire Point, pero su puesta en servicio demandaría varios años.

La disputa tecnológica se extiende al control de las comunicaciones. Ucrania utiliza Starlink para operar drones a larga distancia, mientras Rusia desarrolla técnicas de interferencia local y una constelación denominada Rassvet. Moscú, además, emplea drones Geran —conocidos como Shahed— como repetidores de radio, con un alcance de alrededor de 200 kilómetros dentro del espacio aéreo ucraniano.

Los trenes se convirtieron en uno de los blancos principales. Los ataques ya no se concentran únicamente en formaciones detenidas que transportan equipamiento militar: también alcanzan locomotoras de pasajeros y estaciones ferroviarias. Solo este año fueron destruidas más de 250 locomotoras, aunque las reparaciones permitieron contener parte del daño.

El frente se convirtió en una amplia zona de riesgo

La línea de combate no es una franja uniforme de trincheras, sino un territorio disputado de entre 40 y 80 kilómetros de ancho, conocido como la “zona de muerte”. Allí, cualquier desplazamiento puede ser detectado por drones de reconocimiento FPV durante el día o la noche.

Los vehículos blindados fueron sustituidos en algunos sectores por jeeps abiertos, y los soldados recurren cada vez más a vehículos robóticos para llevar alimentos, agua, municiones y otros equipos.

Las operaciones con drones también alcanzan la retaguardia. La unidad ucraniana Nemesis busca cortar los suministros rusos y aislar Crimea, mientras las fuerzas de Moscú intentan desarrollar maniobras similares. Rusia respondió con unidades móviles antidrones y una mayor densidad de inhibidores de comunicaciones, después de adaptar sus defensas a las tácticas empleadas por Ucrania.

El mapa no muestra un avance decisivo de Rusia. La ganancia territorial neta durante el año se estima en unos 100 kilómetros cuadrados, equivalente a apenas el 0,017% del territorio ucraniano previo a 2014. Una fuente ucraniana calcula en 600.000 las bajas rusas confirmadas y estima que entre 22.000 y 23.000 soldados rusos mueren cada mes.

Con los heridos graves incluidos, las pérdidas podrían superar el ritmo de reclutamiento, calculado entre 30.000 y 31.000 efectivos mensuales. También existe preocupación por la llegada de refuerzos norcoreanos.

El impacto económico golpea a las ciudades

La presión militar se trasladó a las principales empresas contribuyentes de Ucrania. Las plantas siderúrgicas de Kryvyi Rih y Zaporizhzhia fueron cerradas, y la producción de acero de agosto quedó 60% por debajo de la registrada un año antes. La red de supermercados, el comercio electrónico y el servicio postal sufrieron daños, mientras la capacidad de almacenamiento en Kiev se redujo hasta un 80%.

Los ataques a las rutas de abastecimiento se suman a la ofensiva. Las estaciones de servicio tienen estructuras de protección y sacos de arena alrededor de los tanques, y muchos depósitos quedaron destruidos o ennegrecidos por las explosiones. En julio, Rusia prácticamente cerró los puertos de aguas profundas de Odesa, lo que puso en riesgo el envío de una parte importante de la cosecha. El año pasado, las exportaciones agrícolas representaron más del 10% del producto interno bruto ucraniano.

La caída de las exportaciones y el aumento del gasto militar complican las cuentas públicas. El 12 de septiembre, el primer ministro Serhiy Koretskiy calculó que las primeras semanas del aumento de tropas rusas restarían 70.000 millones de grivnas —USD 1.600 millones— a la recaudación. En agosto, Volodimir Zelensky pidió ayuda para cubrir un déficit de USD 27.000 millones en el presupuesto de defensa.

El invierno puede profundizar la crisis

La infraestructura energética fue reforzada con ayuda occidental, pero Kiev continúa expuesta a cortes de gran magnitud. La capital depende de grandes centrales de calefacción difíciles de proteger y podría quedar aislada eléctricamente si se destruyen nodos clave. La subestación de 750 kV ubicada en Makariv permitiría disponer de unas 16 horas de electricidad diaria; sin ese enlace, la estimación desciende a unas cuatro horas.

El invierno pasado, barrios enteros permanecieron durante semanas con temperaturas bajo cero después de los ataques contra centrales térmicas cercanas. Para los próximos meses también existe temor por el suministro de agua y los sistemas de saneamiento. Las alertas ya interrumpen varias veces al día la actividad comercial, el transporte público y las clases. Algunas escuelas consideran cerrar durante el invierno, mientras varias familias evalúan enviar a sus hijos al oeste del país o al extranjero.

La salida de población también reduce la base tributaria y la fuerza laboral. Alrededor de un millón de personas presta servicio militar y otro número similar evita el reclutamiento, de acuerdo con el panorama presentado. En contraste, la producción nacional de armamento se convirtió en un motor económico: casi la mitad de las 20 empresas que más impuestos aportan son compañías de tecnología militar.

La ayuda externa y una posible salida diplomática

El déficit total previsto para este año fue elevado por analistas de Dragon Capital a un rango de entre USD 4.000 y 9.000 millones. Para 2027, el ministro de Finanzas, Sergii Marchenko, calcula que Ucrania necesitará USD 32.600 millones adicionales de financiamiento extranjero, por encima de lo ya comprometido.

La Unión Europea mantiene el respaldo y prevé prestar a Ucrania 90.000 millones de euros durante este año y el próximo para cubrir el déficit presupuestario y comprar armamento. Parte de esos fondos permanece bloqueada porque el Parlamento ucraniano todavía no aprobó las reformas exigidas por los donantes.

En el plano diplomático, los enviados estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner visitaron Kiev después de reunirse con Vladimir Putin en Moscú. Las conversaciones con Zelensky podrían derivar en una propuesta técnica limitada durante las próximas semanas. También se evalúan conversaciones trilaterales entre Estados Unidos, Rusia y Ucrania en Abu Dabi a comienzos de octubre, aunque no se espera un alto el fuego amplio antes de la próxima primavera como muy pronto.

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